La industria manufacturera argentina enfrenta su mayor crisis en años. Más de 3.000 fábricas podrían cerrar durante el presente año, advierte el sector productivo ante el derrumbe de la demanda que paraliza la actividad económica.
El impacto es tangible. Maquinaria industrial, que representa inversiones significativas, termina siendo vendida como chatarra. Este proceso de liquidación acelerada de equipamiento refleja la imposibilidad de mantener operaciones en un mercado sin demanda. Empresarios se ven forzados a descartar activos productivos a cualquier precio.
La crisis laboral es simultánea. Trabajadores de fábricas enfrentan despidos masivos mientras cierran los establecimientos. El desempleo crece exponencialmente en el sector industrial, y aunque existen iniciativas como el RIGI para generar empleo, estas resultan insuficientes frente a la magnitud del problema. Los nuevos empleos que el RIGI podría crear alcanzan apenas un tercio de las pérdidas que genera el cierre de industrias.
Este déficit es preocupante. Significa que la mayoría de los desempleados por cierres de fábricas no tendrá alternativas de recolocación laboral en el marco actual de políticas públicas. El hueco que se abre es profundo y estructural.
Sin intervenciones que recuperen la demanda agregada, los analistas prevén que los cierres seguirán acelerándo su ritmo. Los próximos meses exhibirán probablemente cifras más negativas aún. La manufactura nacional, pilar histórico del empleo en numerosas regiones, enfrenta un deterioro que amenaza con redefinir la economía del país. La urgencia de medidas correctivas es evidente, aunque las soluciones no están claras en el corto plazo.
Imagen: Jacob Riesel / Pexels – Con informacion de Ámbito





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